LOS OLVIDADOS

A todos aquellos que el frío impío de la indiferencia los abraza, y que algún rincón de cualquier calle sucia duermen o pernoctan envueltos en viejos periódicos. A todas esas familias que viven en casas de cartón, con pisos de tierra y techos como colador en las cimas y costados de los cerros en los márgenes de las ciudades. A todos aquellos que están enfermos, y que no tienen para pagar sus remedios, porque sus vidas valen menos que el papel dinero. A todos aquellos han sido traicionados por sus amigos, y que calman su sed de compañía en la fidelidad de un abnegado perro. A todos aquellos ancianos que lloran en silencio, porque sus propios hijos los han olvidado. A todos aquellos mendigos cuya desgracia es más la indiferencia de la gente que su propia su situación de no tener nada material. A todas aquellas madres que solas salen a enfrentar a la adversidad diariamente para que sus hijos no corran una mala suerte. A todos aquellos que se llenan de felicidad al tener sobre su mesa un mendrugo. A todos aquellos niños abandonados que viven en las alcantarillas, que son considerados una peste y que en detrimento de ellos otros levantan sus imperios. A todos ustedes, que han llevado y siguen llevando una vida tormentosa, una vida de calamidades una tras otra, y que en sus horizontes no ven más que sólo una densa niebla que representa el rostro oculto del infortunio, a ustedes, los olvidados y marginados, algún día la desdicha encarnada por una sociedad fría y frívola, se acabará. (Nunca nos olvidemos en nuestra alegría, que existe gente que sufre).