Casi listo viejo.
Aquel instrumento capaz de medir el tiempo no paraba de andar con suma precisión. No dejaba de marcar el paso del tiempo. Sus agujas parecían que giraban más de prisa que en segundos anteriores. El pobre viejo, cansado se sentía por los altibajos repentinos; que le causaban sosiego; de las fiestas, jolgorios y bullicios que le producían trasnochos y resacas, así como también, de los desenlaces fatales que le ocasionaban hondos pesares. Después de haber secado sus lágrimas, se tranquilizó, calmó sus angustias y en silencio casi listo para expirar, se resignó a esperar con alegría, aliviado y con mucha paz; su final. Lo que había sabido desde sus inicios, que el fin de sus últimos días, horas, minutos sucedería. Lo que había aprendido de generación, tras generación. Deseando que el mal tiempo pasara de prisa. Reconociendo que su tiempo se agotaba, preparándose para darle paso a lo nuevo.
Asustando a muchos. Preocupando a pocos.
Sus recuerdos y experiencias le embargaron. Lleno de nostalgia repasaba los buenos tiempos y los momentos; no tan buenos. Trayéndoles alegrías a cada rato. Mostrando una leve sonrisa en su avejentado rostro por lo importante y lo útil que había sido en cada uno de ellos; aunque, su participación resultara muy pequeña, aportó lo suyo a las necesidades más comunes.
Al día siguiente, a escasos segundos, en plena media noche vieja, con pesados pasos nos abandonaba, alejándose quizás, para siempre. Pero no, sin antes desearnos un ¡FELIZ AÑO NUEVO!
A lo que todos le respondieron, desde los lugares más apartados del mundo: Gelukkige nuwe jaar, Glückliches neues Jahr, Antum salimoun, Tchesti nova godina , Bon any nou, Xin nian yu kuai, Bonne année , Feliz aninovo, Happy new year, Felice anno nuovo, Feliz ano novo. Mientras que en Venezuela le dijeron que, la pases de pinga.
Viejo aun y todavía sigue dando de qué hablar.