Que NO te dije ya

Una sorpresa para todos, sin duda. Para los venezolanos, para los colombianos, para Santos, para las FARC y me atrevo a decir que hasta para Uribe.
Ni hablar de Maduro que debe estar escondido debajo de la cama.

Yo no soy colombiana ni conozco al milímetro ese terrible  conflicto que ya cumple 52 años. Lo he cubierto periodísticamente en varias ocasiones, pero en realidad sólo soy la vecina de al lado que mira desde la ventana y, a veces, escucha por la pared. Y sí,  de vez en cuando me atrevo a opinar. Así que aquí voy:

Primero, debo decir que quienes están leyendo este NO como un rechazo a la paz están interpretando mal la voluntad del colombiano. A pesar de la polarización que vimos esta noche, estoy segura de que todos los colombianos anhelan un país en paz.

Pero no todos están dispuestos a bajar la cabeza en el punto de la justicia.
Los acuerdos de paz prevén condenas desde 5 hasta 8  años EN CONDICIONES ESPECIALES a quien reconozcan delitos muy graves.  Quienes no los reconozcan pero resulten culpables, podrán tener una pena de hasta 20 años en condiciones ordinarias.

La mitad de los colombianos quizás haya sacado una simple cuenta: estos guerrilleros hijos de puta que han secuestrado personas hasta por 14 años, que las  encadenan por el cuello a los árboles, que han violado, asesinado y viven del narcotráfico… ¿se les va a aplicar una sentencia de 5 años en CONDICIONES ESPECIALES? ¿Se les va a permitir convertirse en un movimiento político legal que tendrá voz y voto en el Congreso colombiano?
La mitad de Colombia dijo hoy que no. Quieren la paz pero no la impunidad. ¿Y quién puede culparlos?

Del otro  lado, en la calle del SÍ, está esa otra mitad que quiere apostar al fin de la guerra y cuanto antes mejor. Paradójicamente, quienes han sido más golpeados, votaron SÍ para que el infierno se termine rápido. Hay un caso emblemático: en el municipio de Bojayá - donde se  vivió una masacre de más de 100 muertos, gracias a una bomba que las FARC hicieron explotar dentro de una iglesia en 2002 -  el SÍ ganó con un 96%.

Yo lo interpreto como un grito claro y alto que dice: “Hagamos concesiones, seamos odiosamente flexibles en el tema de la justicia pero… por favor, paremos esto hoy mismo. No queremos seguir poniendo muertos”.
Y ese SÍ es totalmente comprensible.
Como ven, no hay blanco y negro. Esta noche de plebiscito es de una complejidad tremenda.

Miedo a convertirse en Venezuela

También hay un elemento externo que pesó como un yunque en esta campaña y al final ayudó a inclinar la balanza hacia el NO: el miedo a ser como Venezuela.
Vaya, escribo esto y me duelen los dedos... y el corazón.
Con un gobierno que se sonríe con Iván Márquez, Timochenko y la plana alta de la guerrilla de las FARC, con un grupo de izquierda radical que se mueve a sus anchas en Venezuela y que pretende llegar limpiecito al Senado a hacer leyes… cualquier colombiano tiene el derecho legítimo a sentir miedo.  Miedo a que su país se convierta en un sitio deplorable, donde no hay medicinas, ni comida ni garantía de vida.

¿Quieren ser como Venezuela?
“NO” - respondió Colombia.

Y es que… ni siquiera los mismos venezolanos queremos ser esta Venezuela que tenemos ahora. Obviamente, los promotores del NO hicieron fiesta con esa premisa. Y funcionó.
Me pregunto qué pensará Maduro ahora, cuando hace días se llenaba la boca diciendo que este acuerdo de paz de Colombia era el legado de Chávez.
Tenía razón. Es un legado que no sirve, que debe ser repensado y modificado. Que ha sido rechazado por el pueblo y como decía el mismo Hugo: “La voz del pueblo es la voz de Dios”.

¿Qué viene ahora?

El NO de esta noche no necesariamente significa la muerte del proceso de paz. O al menos me gusta pensar que es así.
Tanto el presidente Juan Manuel Santos como Timochenko han reconocido pacíficamente este revés.

Santos dice que convocará a las fuerzas políticas que impulsaron el NO, lo que nos hace suponer que se sentará con su acérrimo oponente Álvaro Uribe para tratar de entender el camión que le pasó por encima. Tendrá que "tragarse un sapo" como dicen los colombianos.
También anunció que el cese al fuego y a las hostilidades entre guerrilla y ejército se mantiene. Gracias a Dios.

Por si se lo preguntaron, no está planteada una renuncia de Santos. Incluso el mismo Pastrana (promotor del NO) lo dijo en mi radio RCN: “Él es el jefe de estado. Y debe seguir liderando el proceso de paz”.  Listo.

Por su parte, Timochenko, en una frase poética desde La Habana, juró por su madre que “solamente iba a usar la palabra como arma de construcción hacia el futuro”. Hermoso.
En realidad, lo único que pueden hacer es seguir adelante. Si las FARC cierran la puerta y regresan a la tierra del secuestro y el asesinato… pues obviamente su intención de establecer la paz no era sincera. El NO estaría bien justificado.
Lo único que quedar es volverse a sentar. Volver a discutir, volver a tejer los delicados puntos de la justicia y volver a preguntarle a los ciudadanos.

¿Hay disposición? ¿Hay tiempo? ¿Hay gente? ¿Cuánto se tarda? ¿Volvemos a empezar?
Esta es la noche de las respuestas a mediano plazo. Hoy la única respuesta posible es: veremos.

Una última cosa (y aquí voy a hacer un interesante ejercicio de imaginación) :  si yo fuera consejera del presidente Santos, le recomendaría un pequeño cambio de escenario y de actores para una eventual renegociación.

Presidente Santos: salga de La Habana. No le estreche más la mano a Raúl Castro. No se tome más fotos con Maduro vestidos de blanco. No se haga más la vista gorda con la dictadura que se vive en Venezuela.
Está firmando acuerdos vitales en un pozo de caimanes.  Y ya ve lo caro que le ha salido.

El NO puede convertirse en SÍ, pero hay que escuchar más a la gente y menos los aplausos del Nobel.

Andreina Flores
@andreina